domingo, 26 de abril de 2020

Viento del norte: la solidaridad en momentos de crisis por el COVID-19


El viento que sopla del norte llamado la “tramontana”, suele ser frío y fuerte, así nos llegó esta pandemia que estamos pasando, fría y fuerte.
El COVID-19 ha llegado muy rápido a nuestro país, sin apenas posibilidades de tener una mínima previsión, ni siquiera de conocer cómo afrontar esta crisis, pero la realidad es que no es algo pasajero y que miles de personas se están muriendo. Pero ante tanto caos, surge la “solidaridad” que se extiende por todos los rincones.
En sociología, solidaridad se refiere al sentimiento y la actitud de unidad basada en metas o intereses comunes, se refiere a ayudar a los demás sin recibir nada a cambio.
Émile Durkeim, un gran sociólogo distingue entre solidaridad mecánica y orgánica. La solidaridad mecánica se desarrolla en sociedades en que las personas se diferencian poco entre sí, y la cohesión social se obtiene gracias a los valores, creencias y tradiciones. Este tipo de solidaridad es propia de comunidades pequeñas donde existe una conciencia colectiva que se origina en el sentimiento de apoyo mutuo y compartir para buscar el bien del grupo. La solidaridad orgánica es propia de las sociedades industrializadas, las grandes ciudades, sobre todo los países más capitalistas. Este tipo de solidaridad cada miembro posee una parte de los conocimientos generales y sus recursos, por lo que todos dependen de todos, cada individuo tiene una función, si uno falla se perjudica el resto.
Ahora surge otro tipo de solidaridad, la llamada “solidaridad social”, un concepto moral referido a la capacidad o actitud de los individuos de una sociedad para ayudarse y apoyarse unos a otros en aspectos puntuales de la vida cotidiana.
A los largo de la historia han surgido numerosas situaciones de solidaridad social en todo el mundo. Quiero hacer referencia a dos en España, la que fue originada a raíz de los brutales atentados terroristas del metro de Madrid, el 11 de marzo de 2004, donde todo el vecindario de las estaciones cercanas salió de sus casas y fueron los primeros que llegaron para socorrer a los heridos. Otra surgió a través del movimiento social de apoyo que se organizó cuando el petrolero Prestige se hundió en el 2002 frente a las Costas de Galicia, ocasionado un vertido de crudo que provocó uno de los mayores desastres ecológicos surgidos en nuestro país.
Las políticas sociales de las sociedades democráticas permiten establecer solidaridad a través de sustentar unos derechos sociales que permite redistribuir los bienes y luchas contra la exclusión social, construir una país en igualdad. Pero hay momentos, como el caso de esta crisis, donde es necesaria la implicación de toda la comunidad, dando muestras de solidaridad para poder seguir adelante.  
Lo que ha pasado en la crisis originada por el COVID-19, lo hemos dicho anteriormente, nos llegó como un cuarto plato en un banquete, sin esperarlo y que nos llevó a una indigestión durante toda la noche. La capacidad de reacción del Gobierno no permitía ningún paso en falso, por eso no fue lo suficientemente rápida para que al menos se pudiese prevenir lo que es una de las pandemias más sangrantes de nuestro tiempo, además mundial.
Pero a pesar de que la situación es grave, aún así,  la población ha sido capaz de organizarse en los que ya hemos señalado como “solidaridad social”. Surgen grupos que desde sus casa elaboran mascarillas, batas, hacen las compra a personas mayores o enfermas,…, empresas que se adaptar y cambian sus sistema de producción para elaborar elementos esenciales para los hospitales,  músicos, cineastas, todos tipo de artistas que montan sus espectáculos para conseguir aportaciones económicas para comprar material sanitario o simplemente para entretener a los que estamos en casa, las ONGs poner en marcha sus propios recursos multiplicados por 300%, al final son miles de iniciativas que ayudarán a salir de esta situación. Es de destacar como la propia la gente es capaz de desarrollar estructuras organizativas de trabajo en equipo, cooperación y una perfecta coordinación, pongo de ejemplo la plataforma berciana contra el COVID-10 de la Comarca del Bierzo.  
En esta pandemia también hay que nombrar a las Asociaciones de Voluntariado del medio rural, las que están desarrollando las solidaridad antes, ahora y después de esta crisis, las que cuando todo esto pase, van a seguir al pié del cañón, sin bajar la guardia, las mismas que muchas veces no valoramos, son invisibles, pues no cuentan con los recursos y las infraestructura suficiente para poder darse a conocer en los medios de comunicación, pero están, así que nombraré a cuatro de ellas con la que trabajo desde los Servicios Sociales y a las que agradezco su esfuerzo,  Flavium de Cacabelos, CAVILPO de Carracedelo, TRIVADO de Toral de los Vados y Hormigas de Camponaraya, están también en la Comarca del Bierzo, todas ellas realizando sus acciones en poblaciones entre cinco mil y dos mil habitantes.
Al final el coronavirus cuando pase no nos hará mejores, el ha sido el causante de llevar el dolor y la desesperación a muchas familias, que ni siquiera han podido despedirse de sus seres queridos, mostrando un gran sentimiento de rabia e impotencia. Tendremos que ser nosotros los que  cambiemos este tipo de sociedad, para ello hay que comenzar por cambiar nuestro propio interior, definir muy bien el valor de la solidaridad y desarrollarlo en cualquier momento. Lo mejor del día después vendrá de las actitudes que mostremos en nuestros comportamientos. Esta situación nos debe llevar a una gran reflexión para decidir en qué mundo queremos vivir y que planeta le queremos dejar a las generaciones futuras.
“Muchas gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo”. Eduardo Galeano
Samuel N.P.

No hay comentarios: