domingo, 6 de noviembre de 2016

No todo es casualidad


La muerte de la niña de 12 años de San Martín de la Vega (Madrid) por consumo de alcohol no es una casualidad, tampoco un caso aislado como nos quieren hacer ver aquellos y aquellas que deberían también asumir sus responsabilidades.

El alcohol es una droga aceptada socialmente, una droga legal, que se puede comprar y consumir en cualquier lugar, cuyo consumo está muy relacionado con la tradición, la alimentación y la cultura, con una percepción de riesgo mínima, no sólo por menores y jóvenes, también por la mayor del resto de la  sociedad.  

Desde diversas entidades tanto públicas como privadas, entre ellas el Plan Nacional sobre Drogas, nos están diciendo a través de los resultados de sus estudios, que el consumo de alcohol comienza entre 12 y 13 años, es decir el paso a secundaria, que 8 de cada 10 adolescentes han consumido alcohol y que hay un alto porcentaje de este colectivo que consume en grandes cantidades los fines de semana.

La información y la formación a los y las adolescentes sobre el riego del consumo de alcohol tendría que ser una prioridad. Es importa que conozcan que las bebidas de mayor graduación tienen una velocidad de absorción del alcohol más rápida, en el caso de esta niña, se habla de un consumo de vodka y ron, entre 30º y 40º, que las bebidas de menor graduación como puede ser la cerveza y el vino. A la vez que si bebemos más deprisa y en poco tiempo, lo que se llama “atracón”, se incrementa mucho la velocidad de absorción del alcohol y el riego de entrar en un “coma etílico” aumenta. Además el ser adolescentes se está en una fase de desarrollo y maduración física, intelectual y afectiva. Estos son algunos de los factores de riesgo que junto con la presión de grupo en estas edades originan una “bomba” en el cuerpo.

Sabemos de los recortes en estos últimos años en prevención de drogodependencias, lo poco que ha quedado se ha dedicado a la rehabilitación, pero eso no es la solución.

Si creemos que es importante eliminar los exámenes de reválida, en la ESO y bachillerato, y nos manifestamos para ello, mirar si no tendríamos que tener en cuenta la prevención de las drogodependencias en el medio escolar, intervenciones a desarrollar tanto con las familias como con el propio alumnado. Por eso apuesto por el refuerzo de los Equipos de Orientación  Escolar y priorizar la figura dentro de ellos del Educador y Educadora Social, lo digo porque estas situaciones “no son casualidad”.

En estos momentos me siento muy cerca de la familia de la niña de San Martín de la Vega, es verdad que ya no podemos hacer nada por ella, pero si evitar otras muertes por alcohol entre adolescentes y jóvenes que pueden estar en una situación de riego. 
Samuel N.P.