domingo, 5 de abril de 2020

No dejar solas a las personas mayores


Ayer, cuatro de abril, se cumplieron cinco meses del fallecimiento de mi padre, a los cinco días moría mi madre. Mi padre era un hombre con mucha vitalidad y el “bicho”, el otro “bicho” se lo cargó en tres meses, mi madre con una enfermedad congénita puede que fuese más esperada su muerte. Los dos tuvieron la suerte de poder estar con la familia y personas que los conocían, acompañándolos en los peores momentos en que la muerte llama a la puerta, luego celebrar el entierro y dar sepultura. Esta situación ha cambiado, por causa de esta pandemia, las familias, amistades, …, ya no pueden acompañar a sus muertos y son enterrados o incinerados en la más profunda soledad.
Ahora está el sentir de las personas mayores, que este virus se los está llevando poco a poco, son los niños y las niñas de la guerra, los mismos que tuvieron que sufrir el hambre y las enfermedades, muchos de ellos y de ellas tuvieron que salir de nuestro país, algunos volvieron, pero la mayor parte acabo en lugares tan lejanos como Rusia, Argentina, Cuba, …Pero aún las desgracias siguieron también con los que se quedaron aquí, esos niños y niñas crecieron, pero ante la falta de trabajo en España, muchos de ellos y ellas emigraron a Francia, Alemania o Suiza, entre ellos mi padre y mi madre. Las “divisas”, que así se llamaba el dinero que enviaban, también sirvió para que nuestro país diezmado por una guerra y una dictadura cruel pudiese salir adelante.
Así llegamos a que nuestros mayores han estado durante 80 años en una espiral muchas veces sin salida, ahora les llegaba el momento de disfrutar de sus pensiones, que no son un regalo, son un derecho por su esfuerzo y trabajo. Pero a pesar de que algunos y algunas predican que son una carga para la sociedad, ellos y ellas ayudaron a la crisis del 2008, apoyando a sus hijos e hijas que se quedaron sin trabajo, sus salidas en los viajes del IMSERSO o del Club de los 60 en Castilla y León, consiguen que se mantengan muchos hoteles en las zonas turísticas durante el invierno, y así seguiríamos contando muchas aportaciones a la economía y al bien común de esta sociedad.
Hemos perdido el respeto a nuestros mayores, les hemos dejado tirados en espacios que ahora se detecta que muchos de ellos no cumplían los requisitos mínimos de seguridad ni higiene. Se confiaba en las residencias,  cuando éstas deberían ser espacios para vivir y no para morir. Lugares en los que se considera al mayor como algo material, un producto o el mejor de los casos como un cliente. Y los datos son muy claros, más de 4000 personas fallecidas por el coronavirus lo hicieron en las residencias. Mucho tendrá que cambiar cuando esto mejore, se planteará hacer un seguimiento más profundo de estos recursos, tanto los públicos como los privados.
Es el momento, ahora más que nunca vamos a echar en falta en las residencias a Psicólogos/as, Trabajadores/as Sociales, Educadores/as Sociales, … un conjunto de profesionales que tendrían que estar gestionando las emociones de los hombres y mujeres que confiaron cuando por la puerta se les dejaba con un beso y un hasta luego.
Se puede admirar como cuidan las comunidades indígenas a sus mayores, como lo hace el colectivo gitano más cercano a nuestro entorno, así podríamos seguir enumerando otras maneras de sentir que es esa edad por la que todos y todas vamos a pasar.
Las películas que nos hacen ver a los mayores de una manera positiva y que os las recuerdo, “cinema paradiso”, “las chicas del calendario” o “el estanque dorado”, son algunas de ellas.
Hay varios libros escritos por Ángel de Castro, responsable en su momento del programa de animación comunitaria de la Diputación de Valladolid, con títulos como “la tercera edad, tiempo de ocio y cultura” o “aprender a envejecer”.
No dejamos de leer o escuchar a grandes mayores como Pepe Mujica, José de Saramago, José Luis San Pedro, Margarita Salas, Doris Lessings, multitud de hombres y mujeres que su mayor plenitud la encontraron cuando ya pasaban de los 60.
Para terminar decir que entre mis materiales sobre mayores encontré una pequeña carpeta de color verde que lleva en la portada este título “saber envejecer, prevenir la dependencia”, y que en su interior hay unos pequeños libritos que hablan de “participar es vivir”, “dormir es salud”, “cuidar nuestro cuerpo”, “cuando falta tu pareja”, “la depresión, no, gracias”, “relaciones sexuales, “mantén la mente en forma”, y el último, el que más me ha llamado la atención “POR VAFOR, TRÁTEME BIEN”. 
“Vamos a ser conocidos siempre por las huellas que dejamos”, proverbio Dakota.
Samuel N.P.